Assume Form, cuarto álbum de James Blake, llegó este martes (22) y se presentó como una especie de respiro tras la oscuridad de sus primeros discos. El amor nuevo que apareció en The Colour in Anything, de 2016, parecía haber dejado entrar la luz.
La reseña de Pitchfork lo ve como una etapa transitoria, marcada por una seriedad asfixiante que recorre buena parte del disco y frena sus momentos de desenfado y afecto.
Aun así, hay pasajes de dulzura real, como Lullaby for My Insomniac, que cierra el álbum. Es una promesa de acompañar hasta el amanecer a una pareja insomne, cantada con armonías aireadas y varias capas vocales, con órgano de iglesia al fondo.
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